Por: Deyanira Tapia (Yeya Tapia)

 A lo largo de mi etapa de fotoperiodista de las Fuerzas Armadas he conocido y aprendido  infinidad de cosas de la vida y de esta loable carrera, de mucha entrega y poco reconocimiento,  hoy quiero hablar de las mujeres de la Fuerza Aérea y de la Armada de México y no, no hablare de las pilotos, doctoras, enfermeras, soldados, paracaidistas, que son pieza importante sin duda alguna, hoy hablare de las mujeres que merecen reconocimiento, las mujeres que acompañan a nuestros soldados y pilotos, de sus mujeres.

 


Uno de los pilares de estos hombres valerosos es la madre, que con el corazón oprimido aceptan entregar a su hijo a la patria, sólo por el hecho de que es su sueño ser piloto, lo acompañan con el corazón dividido; entre la tristeza de verlo partir y enfrentar duras pruebas y exámenes, cuando para ella es perfecto, la otra parte; una mujer que debe de confiar que apoyar a su hijo en esta decisión es la clave del éxito y la definición de buena madre, alentar a su hijo a seguir sus sueños y cumplir sus metas, por más duras que parezcan.

 

Claro, ellas serán las primeras en festejar sus triunfos, de verlo con ese traje de gala y sus alas pendientes en su pecho, la primera que cae "rendida" ante el encanto del uniforme, con el sentimiento de amor, orgullo y sin poder evitarlo llora ante tal imagen.

 

Otra mujer dentro de estas filas, es la esposa, la compañera de vida, esa persona que     

definitivamente lleva más allá de lo posible la frase “en las buenas  y en las malas”, ¿como competir con ella?,  la que ha estado contigo en las buenas, en las no tan buenas y en los momentos de debilidad o vulnerabilidad.

 

Son ellas que entre sus características esta la lealtad, el amor incondicional, que puede estar sola físicamente pero amada y acompañada a distancia. Mujeres que tiene que ser madre y padre a la vez, que si tienen un momento de debilidad deben superarlo por si solas, sin un abrazo o un beso en la frente, por que posiblemente, el, este en una misión o asignado en un lugar incomunicado alejado de su familia (esposa, madres e hijos).

 

La pareja de un piloto, mecánico de aviación, paracaidista o cadete, vive con momentos de tristeza, dolor o angustia, pero también de momentos de gran alegría, después de todo, no es tan malo, es la que camina de su brazo cuando el porta con elegancia y orgullo su uniforme en su graduación o promoción, 

 

es a la primera que le habla cuando regresa con bien, es con ella con la que pasa todo el día en la cama, viendo películas, platicando cuando salen "francos" (en el argot militar, significa tener libre el día), hablan de sus días difíciles y de sus triunfos, es con ella con la que hace planes a largo plazo, en ocasiones es ella la que dormita al pie de la cama cuando su esposo esta enfermo en el menor de los casos y en los peores esta herido hospitalizado.

 

Ellas son las mujeres de las fuerzas armadas, las que no vemos pero existen, las nombradas en cada discurso, cuando hay un elemento caído, las que sonríen orgullosas en un evento de protocolo, que en ocasiones sienten no tener fuerzas para separarse una vez más de ellos, pero lo aceptan con resignación, orando por su regreso a casa y confiando en que la próxima vez lo abrazara con más fuerza y ahora si, no llorara, a todas ellas un merecido reconocimiento.